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¿Cómo será la vida en este planeta dentro de unas pocas décadas? Para mantener la actual existencia habrá que adaptarse a más de un cambio. La conferencia de la ONU sobre cambio climático de este diciembre en Copenhague es el punto de partida para un nuevo acuerdo mundial que impulse esos cambios culturales, económicos y energéticos. Pero ya se pueden anticipar, porque ya han empezado a condicionar la vida cotidiana.
La lucha contra el cambio climático es el eje de los cambios culturales, económicos y de modelo energético que van a condicionar la presencia del hombre en el planeta. Un anticipo de la vida cotidiana de un ciudadano imaginario en el año 2050 permite explorar esas transformaciones que van a definir la nueva época. En ese posible escenario dentro de 40 años, la comunidad internacional ha logrado reducir las emisiones de gases invernadero gracias a las drásticas políticas para acabar con los combustibles fósiles; pero las concentraciones de gases acumulados continúan haciendo subir la temperatura y desestabilizando el clima. Por eso, no es posible bajar la guardia. No todo es ciencia ficción en este relato. Son apuntes de un futuro, pero el cambio cultural y de valores ya ha empezado ante la necesidad de seguir coexistiendo en el planeta.

7.20 horas. Juan Miralles Lladó (personaje imaginado) se levanta aturdido. Se agolpan en su cerebro terribles e imprecisas imágenes de un mal sueño combinadas con un dolor de muelas. Empieza a deambular por la casa como un autómata. Entra en el cuarto de baño para ducharse y se encienden las bombillas led, activadas por sensores de movimiento que captan la presencia del visitante. A medida que recorre el pasillo y entra en la cocina, se van encendiendo y apagando detrás de él las luces de bajo consumo, como una sombra que le persigue. Tanta psicodelia de bajo consumo parece burlarse de su dolor de muelas.
En el salón, el sistema de climatización y agua caliente, también accionado por sensores, le ofrece en una pequeña pantalla un dato fundamental que mira cada mañana: en ese momento el 60% de la energía que consume la casa procede de las baterías (acumuladores) recargadas el día anterior con la energía solar fotovoltaica captada en los paneles del tejado comunitario. El nivel de las emisiones de CO2 es tan bajo, que este mes seguro que tendrá un descuento en la tarifa eléctrica por buen comportamiento. Baja ligeramente la calefacción y se prepara un ligero desayuno y un café. En la cocina, le rodean decenas de electrodomésticos de bajo consumo: lavadoras, secadoras, lavavajillas, tostadoras, microondas, exprimidor. Pero en eso momento, lo que más ansía es un sacamuelas. Eléctrico o manual. Llama al dentista, pero no consigue visita hasta al día siguiente.
8.00 horas. Miralles baja al parking de su casa, donde su coche eléctrico se ha estado cargando durante la noche. Compró el utilitario hace sólo unos meses, tras haber jubilado su vehículo híbrido (gasolina y eléctrico), y ahora puede disfrutar de un coche que recarga su batería en sólo una hora. De camino al trabajo, aprieta el acelerador aprovechando que la carretera carece de señales con límites de velocidad para su coche eléctrico (que podría alcanzar los 120 kilómetros por hora). Por eso no puede disimular una sonrisa cuando supera los viejos y ya escasos utilitarios con gasolina, que tienen limitada la velocidad a 80 kilómetros por hora para reducir emisiones de CO2 en el área metropolitana. Es una desigual carrera, un remedo de grand prix, de esas competiciones de fórmula 1 que cerraron sus puertas hace 20 años. Los fabricantes de coches llegaron a la conclusión de que ese escaparate de la velocidad, el lujo y el ansia de compra ya no constituía un marketing eficaz, pues incorporaba valores que ya sólo compartían unos pocos.
Antes de tomar la salida de la autopista, pasa de largo la electrolinera, donde un viejo vehículo de gasolina reposta en el único surtidor para carburantes fósiles. Algunos románticos todavía usan estos coches, pero naturalmente deben hacer uso del carnet de CO2 por puntos, una tarjeta personal con un crédito máximo de derechos de emisiones de 1,5 toneladas per cápita, del que se van descontando derechos de emisión a medida que se consume gasolina (o queroseno en el caso de transporte aéreo). La instauración de ese carnet fue muy polémica, pero una obligación para los gobiernos. “También la industria europea tiene topes de CO2 anuales desde el 2005 y no ha protestado”, dijeron los diputados que lo defendieron en el Parlamento.
Gracias al tratado de México (en el 2010) contra el cambio climático, las emisiones de gases invernadero se han reducido un 35% con respecto a 1990, pero el CO2 procedente de la quema del carbón y el gas en países emergentes (India, Indonesia, Argelia) y el metano liberado en los deshielos de Siberia han contribuido a un aumento de la temperatura del planeta en el 2050 de 2,5º centígrados por encima de la época preindustrial, con la secuela de desastres climáticos conocida.
8.30 horas. Miralles trabajó durante muchos años en una empresa constructora, hasta que el consejo de administración diversificó la actividad para encargarse también del mantenimiento integral energético de los edificios. De hecho, desde hace ya 35 años, todas las nuevas construcciones deben ser, por ley, neutras en CO2. Deben ser autosuficientes energéticamente y demostrar que generan más energía de la que gastan. Por eso, los techos de las casas se han llenado de placas fotovoltaicas para producir electricidad y paneles solares para calentar el agua. En las terrazas, los pequeños molinillos de viento dibujan un nuevo skyline en los sobreáticos de la ciudad, de forma que la mitigación del cambio climático ha impuesto su lógica a los arquitectos integristas del paisaje urbano.
Miralles comparte la planta 33 con Javier Jiménez Breva, responsable del departamento de ahorro energético, que asesora a las comunidades de vecinos sobre cómo gastar menos energía; con Carlos Jiménez Bravo, que trabaja en el área de reparación y conservación de los equipos de energías renovables (placas fotovoltaicas, paneles solares térmicos, minimolinillos eólicos y metanizadoras de cocina), y con Beatriz Cabañas, encargada del departamento de aislamientos térmicos y revestimientos con maderas perdurables. El otro compañero y amigo es Pedro Santamarta, un informático siempre atento a los gráficos en las pantallas que visualizan los consumos.
La obsesión por prescindir de los combustibles fósiles ha atravesado la sociedad. Evitar la emisiones de CO2 y combatir el cambio climático impregnan todas las políticas y son casi un objetivo social. Legiones de operarios de mantenimiento dependientes de ellos se encargan de controlar las fugas de calor en invierno y de frío en verano, temerosos de que la brigada de CO2 de la policía autonómica levante acta por un delito contra el clima.
14.30 horas. Miralles se toma un calmante y come, como cada día, con algunos de sus compañeros, todos ellos empleados de la empresa encargada del mantenimiento integral de edificios. Piluca Carles, la contable, lleva la voz cantante.
–Por fin he conseguido tener todos los permisos. Podré visitar el Ártico. La agencia ya tiene todo en regla. –¿Cómo los has conseguido?, ¿cuándo iréis? –Bueno, me ha costado cinco años. Tened en cuenta que los trayectos transatlánticos están muy restringidos. Por fin, me tocó. Pero ha merecido la pena esperar cinco años. La idea es ir en agosto, aunque no habrá ni un solo bloque de hielo. Estoy harta de sufrir olas de calor en verano, como la que pasamos hace dos años en Alicante; y tampoco quiero repetir estancia en las playas del Báltico, cada vez más repletas de medusas. –Yo, este año no podré volar en avión a Guatemala: me quedan sólo 400 kilos disponibles en el carnet de CO2.
18.30 horas. Antes de salir para casa, Miralles mira su celular (teléfono-internet-agenda-televisor) para hablar en videoconferencia con su mujer de gestiones domésticas pendientes. En primer lugar, tiene que pasar por la tienda 3R de reparación de electrodomésticos para recoger la tele de plasma. Al entrar en el establecimiento recuerda la imagen polvorienta que su abuelo dibujaba de las tiendas de reparación de calzado. Ahora, los operarios uniformados están en un lugar luminoso y aséptico donde reponen todo tipo de objetos del hogar. El hierro, el acero, el cobre y muchos otros minerales se están agotando, y los metales alcanzan precios astronómicos en los mercados. El precio de las materias primas supera el de la mano de obra, y es mucho más rentable reparar que comprar un artículo nuevo. El resultado es que la cultura del usar y tirar de los antepasados es un concepto trasnochado.
19.15 horas.Aprovecha para ir a comprar algunos productos para llenar la nevera. Compra un queso con la etiqueta oficial “neutro en carbono” (que sólo pueden llevar los productos con un balance nulo de emisiones en su proceso productivo); pide que le envuelvan 300 gramos de un jamón ibérico de Badajoz libre de CO2 y se queda mirando la etiqueta en la que el fabricante explica que ha compensado parte de sus emisiones ayudando a proteger la selva amazónica. Y finalmente, compra dos lechugas con la etiqueta “ecológica y cercana”, que distingue los productos que han recorrido menos de 50 kilómetros entre el campo donde se han cultivado y la tienda. El ahorro de energía también se aplica en estos ámbitos. Al pasar por caja, no puede resistir la tentación de coger una bolsa de patatas chip, aunque tenga una sobretasa por alto contenido en grasa, sal y azúcares.
20.00 horas. En casa, Miralles y su mujer, Coral Asunción, ayudan a su hija con los deberes de geografía. Los abuelos vieron aparecer en los mapas decenas de nuevas repúblicas. Ahora, los hijos repasan un atlas donde en el Índico y el Pacífico se han perdido decenas de pequeñas islas-Estado que quedaron cubiertas por la subida del nivel del mar y donde la superficie continental ha visto limados deltas y zonas costeras bajas.
20.30 horas. Toca preparar la cena. Cocinan con cacerolas y ollas de cerámica tecnológica de aluminio y silicio de alta resistencia. Ni reparan en que el grueso de los utensilios y el mobiliario (desde las patas de la mesa de la cocina hasta los cuchillos) son materiales ciento por ciento reciclados, hechos a base de hierro, acero o cobre recuperados en viejas chatarrerías (de chasis de coches, electrodomésticos, vigas...), convertidas hoy en boyantes negocios del reaprovechamiento que cotizan en Wall Street. De la misma manera, el plástico usado en ordenadores, carcasas de celulares o revestimientos es reciclado, aunque los vasos de la mesa son de un moderno papel biodegradable (de celulosa reutilizada) con propiedades plásticas. El vidrio empieza a escasear por los drásticos topes anuales de CO2 a sus industrias; además, la última subida del gas disparó los costes energéticos hasta llevar a la ruina a los hornos donde se hacía su fundición.
21.30 horas. Tras la cena, Miralles y su mujer arrojan la basura orgánica a la metanizadora (electrodoméstico que tritura los restos de cocina y produce biogás para generar electricidad) y retiran los restos inertes del día anterior para llevarlos al contenedor de la calle, desde donde se transportan para ser empleados como material de construcción. Hasta ahora, muchas cocinas incorporaban la microgeneración eléctrica con gas natural para producir electricidad, pero esa fuente de energía parecía condenada a seguir los mismos pasos que acabaron con el petróleo en el crac del 2020.
22.00 horas. Anota mentalmente que debe reparar el grifo y renovar el dispositivo dosificador de agua. El litoral valenciano acaba de construir su quinta planta desalinizadora y, aunque se ha conseguido una gran mejora en el ahorro energético en estas plantas, los partidarios de los grandes trasvases siguen aún creyendo que es necesario traer agua del Ródano al Levante. El debate ha alcanzado la gestión pública del agua. Ayuntamientos como los de Barcelona, Tarragona, Vitoria y Sevilla han cambiado de gobierno tras las últimas crisis causadas por las restricciones domésticas que siguieron a las últimas sequías en España. Con tanta refriega política, incluso fueron municipalizadas las empresas públicas de abastecimiento, que en años anteriores levantaron rascacielos como sede sociales. “No puede ser que estas compañías de servicio público conviertan su sede en monumentos a los beneficios cuando hablamos de un bien escaso”, denunció un portavoz del Partido Sostenible.
22.30 horas. Miralles decide abrir unos minutos la televisión. Ecuador reclama una nueva compensación al convenio de México de la ONU, exige ayuda al desarrollo a cambio de dejar inexplotada una bolsa de petróleo encontrada en la selva amazónica, e India deja de recibir ayuda internacional y se compromete a conservar sus bosques para fijar CO2. Imágenes grabadas por un aficionado con su celular muestran la huida de los últimos desplazados climáticos de Maldivas hacia Nueva Zelanda.
23.00 horas. Antes de irse a dormir, Miralles repasa el contador de CO2 de casa. Ha bajado el consumo de energía más de lo previsto. Ha sido su contribución a preservar el clima del planeta. Por fin, se le ha ido el dolor de muelas.
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