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Una nevera puede emitir tanto como un coche en 15.000 kilómetros

//Una nevera puede emitir tanto como un coche en 15.000 kilómetros

Cada año se generan alrededor de 50 millones de toneladas de Residuos Eléctricos y Electrónicos (RAEE). A este ritmo, esta cifra podría doblarse, alcanzando casi 120 millones de toneladas

Una montaña de Residuos Eléctricos y Electrónicos (RAEE)

Menos del 20% de la basura electrónica se recicla formalmente. Lo que no acaba reciclado, termina en vertederos o se somete a procesos de reciclaje informal. Anualmente, se producen aproximadamente 50 millones de toneladas de residuos eléctricos y electrónicos, más conocidos como RAEE. Y según los datos del informe publicado por la Plataforma para Acelerar la Economía Circular (PACE) y la Coalición E-Waste de Naciones Unidas en 2019, se estima que en 2050 podrían producirse hasta 120 millones de toneladas de este tipo de desecho. 

Neveras, lavadoras, televisores, consolas, taladros eléctricos, teléfonos móviles, tabletas u ordenadores, entre muchos otros, son susceptibles de convertirse en residuos una vez que su propietario los desecha sin intención de reutilizarlos. O cuando la obsolescencia al fin les alcanza. El problema está en que, como asegura Víctor González Durán, director comercial y de marketing de ACS Recycling, empresa dedicada a la gestión y tratamiento de los residuos electrónicos, con una planta en Sabadell, “existe mucho desconocimiento respecto a este tipo de residuos”.

Muchos de estos objetos, con una limitada vida útil, son utilizados diariamente, y en algunos casos, de manera ininterrumpida. Generalmente, están fabricados en materiales como plásticos, metales, vidrios, maderas, cartón o caucho. También se emplean otros materiales, que destacan por su alto valor intrínseco: el oro, la plata, el cobre, el platino o el paladio, lo que, asegura el experto, ha suscitado el interés en la conocida como minería urbana.

Asimismo, pueden contener algunas sustancias peligrosas, tanto para la vida humana como para el medio ambiente. Elementos como el cadmio, mercurio, plomo, arsénico, fósforo, aceites y gases como los clorofluorocarbonos (CFC), hidroclorofluorocarbonos (HCFC), hidrofluorocarbonos (HFC), hidrocarburos (HC) o amoniaco (NH3).

Sólo en los teléfonos móviles se pueden encontrar 70 de los 83 elementos estables de la tabla periódica. Si el riesgo de exposición a estas sustancias ya es patente cuando hacemos uso de los aparatos, cuando dejan de funcionar y decidimos desecharlos, el riesgo se multiplica.

El mercurio produce daños al cerebro y al sistema nervioso, mientras que plomo aumenta el deterioro intelectual. El cadmio, por su parte, puede producir alteraciones en la reproducción e incluso llegar a provocar infertilidad; y el cromo está altamente relacionado con afecciones en los huesos y los riñones. 

Responsabilidad compartida

Es más, si no se procesan debidamente por gestores especializados, se manipulan pobremente o se depositan en los contenedores que no les corresponde, los RAEE pueden llegar a emitir gases dañinos para la atmósfera o incluso llegar a contaminar las aguas subterráneas.

Carlos Arribas, responsable de Residuos de Ecologistas en Acción, explica que, desgraciadamente, “los consumidores desechan estos residuos de forma no correcta. Los pueden meter en el contenedor gris y eso llega a las plantas de tratamiento mecánico-biológico (TMB)”.

Cuando sucede esto, la trazabilidad de los residuos se pierde. “Ahí se amontonan en un almacén de residuos electrónicos, y su destino muchas veces no está muy claro”, aduce. Según ECOLEC, si no se recicla adecuadamente, un frigorífico, por ejemplo, puede llegar a emitir la misma cantidad de gases de efecto invernadero que un coche en 15.000 kilómetros. Y el fósforo que se encuentra dentro de un televisor es capaz de contaminar hasta 80.000 litros de agua.

El especialista va más allá y señala también que existe desconocimiento sobre en quién recae la responsabilidad de garantizar el reciclaje: “El consumidor no es consciente de que cuando está comprando una lavadora, una parte pequeña del coste es su reciclado”.

“Cuando tú compras un AEE hay una obligación de que en la factura aparezca el importe del reciclado. Tú pagas una especie de tasa que se debe utilizar para cubrir el coste del reciclado. Eso a veces aparece en las facturas y otras veces no”. Esta es una parte de lo que entraña la Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP). La otra parte es que con esa fracción del importe, los productores deben garantizar el tratamiento de los residuos que se generan tras el uso. 

Los cementerios digitales del mundo

Según los datos del informe Observatorio mundial de los residuos electrónicos 2020, las regiones que más RAEE generan son, en primer lugar Asia —24,9 megatones—, seguido de América —13,1 megatones— y Europa —12 megatones—. Per cápita, los europeos son los que más residuos generan con 13,3 kg. También, para sorpresa de pocos, son los que más reciclan: un 42,5% de RAEE se han documentado como recogidos y reciclados adecuadamente. 

La exportación de este tipo de desechos ha sido, desde que comenzara la era del consumismo desenfrenado de productos electrónicos, una alternativa al servicio de los países ricos. Estos residuos llegaban y continúan llegando a países en desarrollo, como China, Tailandia, Brasil o la India. Un caso de vértigo es el de Ghana, que aloja en un suburbio de su capital, Acra, el vertedero de Agbogbloshie, bautizado erróneamente por algunos como “el mayor vertedero de basura electrónica del mundo”

Sin embargo, como marca el Convenio de Basilea, en vigor desde 1992 y que comenzó a abortar los RAEE en 2002, debería aumentar la capacidad a nivel internacional para una gestión más eficaz de estos residuos. Aunque, como explica González Durán, “todos debemos tener claro que no está permitido exportar residuos, solamente productos que funcionen y los hayamos comprobado. Pero ahí está el problema, que la gente se cree más papista que el papa y exporta residuos en concepto de producto. Y eso las empresas a las cuales les entregan sus residuos no lo saben”.

FUENTE: El Español

2022-03-08T14:56:40+00:00 martes, 8 marzo 2022|